Cenital

por amoyag el 9/08/2012

Acabé Cenital a los tres días de que cayera en mis manos. Me encantó. Pero decidí leerlo otra vez, más despacio, y cambiando el orden. En Cenital se mezclan tres formas de presentar el colapso de nuestra sociedad: Cenital, el blog; Cenital, la ecoaldea y Cenital, el plano.

Por un lado está el blog de Destral, Cenital, una colección de arengas y llamadas a la acción que pueden parecer chifladuras, pero que te van dejando con un poso de tristeza cuando te paras a pensar y te das cuenta de que es verdad que se nos viene encima una buena. Repasando todo el blog, no dejaba de pensar en el proverbio “cuando el sabio señala a la luna, el tonto mira el dedo”. Así estamos, mirando el dedo, hasta que nos demos la hostia, una como la que novela Emilio Bueso.

Por otro lado están las descripciones de los personajes, los planos cenitales sobre cada una de las personas que acabarán formando la ecoaldea. De todos ellos, mi favorito es Iriña, aunque introducciones como la de Braqui o Dispo

Dispo era el sobrino de Saig’o. Ahora es una planta.

te dejan “con el cuerpo cortao”. Estos flashbacks a nuestro presente descubren tímidamente el velo con el que al autor oculta los primeros meses de la catástrofe que acabó con nuestra sociedad.

Finalmente está Cenital, la ecoaldea. Lo que pasa después del colapso, ahora en 2014. Conforme va avanzando la historia, uno puede imaginar que la vida post peak oil que plantea Emilio no está ni siquiera cerca de ser una bucólica vuelta a los orígenes, a la madre Naturaleza.

A pesar de que coincido con algunas reseñas en que el final es demasiado abrupto, no puedo dejar de recomendarla. Hay pocas novelas de prospectiva que analicen el mundo sin combustibles fósiles, Cenital pone el nivel muy alto a las que vengan detrás. Si te resulta un poco exagerado que todo se vaya tan al cuerno, piensa en la explicación que dio su autor en una entrevista:

 “Cenital” tiene algo de profético: ¿por qué la has situado en 2014 si lo tenemos tan cerca?

Emilio Bueso: Porque soy ingeniero. A menudo la fragilidad de las cosas es mi negocio principal. Y me parece que este sistema tiene muy mal diseño. Ya casi lo considero capaz de autodestruirse en menos tiempo del que tardo en teclear “abaratamiento de costes”, “teoría del pico de Hubbert” o “sostenibilidad económica a largo plazo”.

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